Fotografía de Víctor Carrillo.
Clíquese en la imagen para verla a mayor tamaño. La primera frase del cartel desgastado bien merece ser leída.
El beso acontece cuando YA ESTÁ BIEN
de darle vueltas a la cabeza.
Es un ataque furtivo en una perpendicular
a la calle grande, en un portal corriente, ordinario,
a una hora no tan intempestiva como pareciera
o acaso un abrir la puerta de casa de manera impertinente
para salvar a otro a media tarde.
Es un acto de caza o de encuentro. Siempre de subsistencia,
porque el beso acontece cuando el mundo se agota,
cuando unos labios deciden que esos labios.
En realidad no: cuando da igual si esos labios
porque los labios, las prisas, el gris, la noche,
la edad, los fantasmas, la cicatriz y Ella.
Pero hablo del beso que pretende no desabrochar los abrigos
ni cambiar el orden de la existencia
(aunque lo haga).
Saber que simultáneamente más gente se besa. Algunos
acuden a la cama juntos y sucede todo siempre
aunque no deba a veces.
Pero el beso es la historia que no se cuenta,
porque a la mañana el beso ya no es beso:
es un baile de párpados y ruido en algún servicio
de mensajería instantánea.
Sí, con el beso se acaba el mundo (un poco)
aunque nadie se dé cuenta. Y es que
el beso acontece periódicamente
porque Ella
quiere.
De fondo: Los demonios de dentro, de Leone.
1 comentario:
Madre mía. Qué maravilla.
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