7/3/13

8M - Caminos de igualdad


"Caminos de igualdad"
Una intervención de Pedro Peinado, Pepeciclo y Ana Castro para la celebración del 8 de marzo

Cada cual elige su lucha y su camino a partir de las vistas y las palabras pronunciadas durante el viaje. No hay líneas completamente rectas, imperturbables, autovías grises que impidan disfrutar del paisaje, más allá del tendido eléctrico, si elegimos una pausa, detenernos y mirar alrededor antes de proseguir. Porque en cada cruce de caminos, nuestra libertad de elección como una lucecita de alerta, parpadeante, para definirnos y ahondar en la construcción nuestro viaje y nuestro entorno. La instalación "Caminos de igualdad" pretende reflexionar sobre la significatividad de los puntos de inflexión que se suceden a lo largo del camino y la responsabilidad derivada de esta libertad de elección inherente al ser humano. Entre mensajes como "Amé con dientes. Hoy grito" y "Mi lucha es la felicidad, a veces la belleza dentro", una flecha central nos increpa, nos alienta a decidir la dirección de nuestros próximos pasos: "Por aquí: Yo". Que el paisaje que quede entonces tras la ventanilla sean "Caminos de igualdad", abono para el próximo que se sitúe en esta encrucijada.

Os esperamos mañana a partir de las 15h en la Plaza del Museo Arqueológico para el comienzo de la instalación.
Por la elección -libre- de un camino de igualdad cada 8M bajo un árbol repleto de deseos.
 
Más info sobre El Árbol 8M, la iniciativa promovida por Urban Knitting Córdoba, Tejiendo la red: http://elarbol8m.blogspot.com.es/

5/2/13

Horror vacui

Fotografía de Víctor Carrillo


Si pudiera encontrar
la palabra
que defina el horror vacui
de este piso desnudo, lleno de aire,
como yo:
a punto de explotar de nada.





16/11/12

El beso

 Fotografía de Víctor Carrillo.
Clíquese en la imagen para verla a mayor tamaño. La primera frase del cartel desgastado bien merece ser leída.


El beso acontece cuando YA ESTÁ BIEN
de darle vueltas a la cabeza.
Es un ataque furtivo en una perpendicular
a la calle grande, en un portal corriente, ordinario,
a una hora no tan intempestiva como pareciera
o acaso un abrir la puerta de casa de manera impertinente
para salvar a otro a media tarde.
Es un acto de caza o de encuentro. Siempre de subsistencia,
porque el beso acontece cuando el mundo se agota,
cuando unos labios deciden que esos labios.
En realidad no: cuando da igual si esos labios
porque los labios, las prisas, el gris, la noche,
la edad, los fantasmas, la cicatriz y Ella.

Pero hablo del beso que pretende no desabrochar los abrigos
ni cambiar el orden de la existencia
                                                              (aunque lo haga).
Saber que simultáneamente más gente se besa. Algunos
acuden a la cama juntos y sucede todo siempre
aunque no deba a veces.

Pero el beso es la historia que no se cuenta,
porque a la mañana el beso ya no es beso:
es un baile de párpados y ruido en algún servicio
de mensajería instantánea.

Sí, con el beso se acaba el mundo (un poco)
aunque nadie se dé cuenta. Y es que
el beso acontece periódicamente
porque Ella
quiere.


De fondo: Los demonios de dentro, de Leone. 

9/11/12

Combustión espontánea

Fotografía de Víctor Carrillo

La nostalgia también nos deshace (por dentro)
en cenizas.
Es un pretexto para respirar que quede intacta la piel.
Que un piso no amueblado alcance
1700°C en medio del invierno en Madrid.

Aquella llamada como cualquier otra.
Y la mecha.

Abrasarse desde dentro de las costillas.
Explotar, por no aguantar más incandescencia entre los dedos.
Y explotar.

Las palabras mancharon una habitación en blanco.
Mis células por el suelo.
Las fotos cayendo por la ventana.

Los versos que no escribimos.



NOTA. La composición final poema-imagen apareció en Boronía. Poemas a 45 rpm (abril 2011)

18/9/12

7.00 pm

Fotografía de Víctor Carrillo

Cuando la luz de las 7 de la tarde al otro lado de la ventanilla,
cabría pensar que la vida no es tan terrible.
Que aún queda leer y las fotos,
pasear con la vista puesta en la parte alta de los edificios
o imaginar historias de otros en un balcón abierto.
Pero irremediablemente acontece un echar de menos
el abrazo de mamá y esconder la nariz
en la camiseta de Él.
Porque Ella sabe que llegará a casa de noche,
que en la otra ciudad hará frío,
que el metro tardará más de lo que debiera...
Y luego el desierto y el trabajo.
Que la habitación se llene de silencio
y después el aire en la faringe y el estómago.

Y no saber que existen las 7.00 pm
ni mamá ni Él.
Ni Ella.

Que tan solo los nervios entre los dientes
y quizás (acaso) una llamada inoportuna
                    -pero inesperada-
y una habitación que explota
                    -sin motivo aparente-.

Son tan terribles las 7.00 pm que
si no existieran
Ella olvidaría cómo mirar.