22/4/11

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Fotografía de Víctor Carrillo


Cuando regresé a La Ciudad,
el miedo se había solidificado entre los dientes.
Las pestañas ya no vibraban.
Decir algo, cualquier cosa, resultaba tan insignificante
como colocar la ropa en el lugar adecuado del armario.

No fue el frío ni crecer.

La Ciudad había borrado los lugares
en los que fui a

Perder la capacidad del lenguaje por no perderse.
Salvarse a toda costa, aún regresando a La Ciudad.

Empezaré con la primera letra que me dieron
al nacer. Mi nombre tiene que permanecer
intacto en alguna parte.

22/3/11

Poética I

Fotografía de Víctor Carrillo


Para escribir
tuve que llegar a conocerme.

Al estirar el brazo, allí,
justo allí, estaba yo.

Pero estoy sin acabar.
Necesito tiempo.


14/3/11

Metabolé


Fotografía de Víctor Carrillo


Soy todas aquellas que tuve que ser hasta hoy,
con las costillas mal puestas y los ojos desencajados.
Tan sólo contaba con el nombre que me dio mi madre.
Ahora sé del metabolismo de los cuerpos,
del sistema inmune y de manos desconchadas.
Sé cómo cambia la velocidad de mis pies
cuando se encuentran con otros pies
y hay un silencio a la altura del pecho.
Sé cómo mantenerme entera hasta que pase el frío.

Supongo que la sangre se lleva el miedo.

Cuando regresa la sangre, la vida se hace más fácil.



 

4/3/11

Casas


Fotografía de Víctor Carrillo

En mi casa todo es sencillo.
La nevera se abre por la izquierda
y las pelusas se acumulan en los mismos rincones.
Las camisetas no consiguen mantenerse en el segundo cajón
del armario más de cuatro días seguidos. Asaltan mi silla.
Me asaltan a mí. Los botes de café apenas dan 
para diez días. La lavadora se pone los sábados por la tarde.

A mi casa llegan las cartas que reciben mis amigos
mientras están de viaje. 
Se amontonan en una pequeña mesa del recibidor.
(Parece que me miran desde allí, absortas, 
pensando que también a ellas las olvidaron algún día).

El día que la nevera se abra por el lado derecho,
las pelusas comiencen a acumularse dentro del armario
y no se derrame el café,
mi casa dejará de ser mi casa.

Seguirá sonando el teléfono.
Continuarán llegando cartas de personas a las que echo de menos.

Y mi casa será otra casa.

Construiré un hogar en otra parte.
Me llevaré mi casa conmigo. 




Fotografía Víctor Carrillo



26/2/11

Blanco


Fotografía de Víctor Carrillo


Cuando comencemos a llorar será ya muy tarde.
El dolor se habrá derramado por la caja torácica
y los órganos, impregnados, tan sólo esperarán
la saturación en negro, solidificarse.
Tan sólo quedará un murmullo. Nada que verbalizar.
Un escozor en los ojos.

El impulso nervioso a 0.

Tras el asedio del orden y el horario,
el blanco de afuera es el miedo rosa.

***